Juviles Lobras

Pilar Antequera, de 89 años, cuida la ermita de las Ánimas Benditas de Juviles

Nacida en Lobras, lleva más de tres décadas encendiendo las velas de la ermita y fue durante 30 años la practicante que ponía inyecciones a sus vecinos.

Pilar Antequera, de 89 años, cuida la ermita de las Ánimas Benditas de Juviles
Foto: Ideal

En resumen

  • Pilar Antequera Cifuentes, 89 años, cuida la ermita de Juviles desde hace más de tres décadas
  • Puso inyecciones a vecinos durante 30 años sin cobrar
  • La ermita está a la entrada del pueblo, hacia Trevélez

Pilar Antequera Cifuentes, vecina de Juviles de 89 años, se ocupa desde hace más de tres décadas de la ermita de las Ánimas Benditas, situada a la entrada del pueblo en dirección a Trevélez. Durante un tiempo la cuidó otra vecina porque Pilar enfermó. Aunque le flaquean las piernas y se ayuda de un andador, sigue pendiente de ella.

La ermita de las Ánimas Benditas

Pilar se encarga de encender velas dentro de la ermita para que nunca falte luz a las Ánimas. Las velas las donan personas del pueblo y de fuera, y ella gestiona también las limosnas con las que se compran luminarias. Antiguamente, ese dinero se destinaba a ayudar a los pobres de solemnidad y a pagar algunos entierros; ahora va también a la iglesia, aunque, según cuenta, si hiciera falta ayudar a algún necesitado de Juviles se le prestaría ayuda.

Antes que ella fueron ermitañas dos vecinas, Amalia y Gracia. Pilar recuerda que la ermita anterior estaba junto a la carretera que va a Nieles y se vino abajo. La actual se levantó en otro lugar cercano, sin cobrar nada y con ayuda de todo el pueblo, por Francisco Alonso, que sería su marido y años después alcalde, y por Miguel «El de Elena».

Treinta años poniendo inyecciones sin cobrar

Pilar contó que durante 30 años fue la practicante de Juviles «a todas horas, cuando lo precisaban los enfermos». Con el tiempo, solo ponía las inyecciones los sábados y domingos, porque no había asistencia médica en el pueblo. Nunca cobró por ello.

Una vida de trabajo desde niña

Pilar nació en Lobras. Sus padres, José y María, eran de allí; su padre fue guarda jurado en Lobras y, tras trasladarse la familia a Juviles, trabajó de municipal en el Ayuntamiento. Tenía cinco hermanos y hoy solo le queda Miguel, que vive en Barcelona.

Fue poco a la escuela, porque los niños trabajaban pronto para sacar la casa adelante. A los siete años guardaba marranos y después trabajó en el campo para otras personas a cambio de una peseta al día. Recuerda que entonces había varias tabernas, un molino de grano y una almazara, y que las mujeres que no tenían horno hacían el pan en casa de otra a cambio de entregarle un pan grande.

A los 25 años se casó con Francisco Alonso Rodríguez, ya fallecido, que había trabajado en Alemania, en las Minas del Conjuro y de fontanero, y que fue alcalde de Juviles durante mucho tiempo sin ánimo de lucro. Siendo novios, él le enseñó a leer, escribir y hacer cuentas. Tuvieron una hija, María Rosa, y un hijo, Ismael, que les han dado cuatro nietos; uno de ellos murió hace cuatro años en un accidente.