Guía de la Alpujarra
La Alpujarra es una de esas comarcas que se resisten a resumirse en una frase. Es montaña y es historia; es Granada y también Almería; fue uno de los últimos refugios de la población morisca tras 1492 y hoy la cruzan senderos de gran recorrido como el GR-7, el GR-142 y el Sulayr. Esta guía te da el contexto para entenderla antes de recorrerla.
¿Dónde está la Alpujarra?
La Alpujarra ocupa la vertiente sur de Sierra Nevada y se extiende por dos provincias: la Alpujarra granadina, la más conocida, y la Alpujarra almeriense, en el valle del Andarax. Entre la cumbre del Mulhacén (3.479 m) y el mar Mediterráneo hay unos 35 kilómetros en línea recta, un desnivel que explica su diversidad de paisajes: de los borreguiles de alta montaña a los almendros y viñas de la Contraviesa.
Un poco de historia: la huella morisca
La comarca fue uno de los últimos refugios de la población musulmana tras la caída del Reino de Granada en 1492. Aquí se mantuvieron durante décadas las costumbres, los cultivos y el sistema de acequias heredado de al-Ándalus. La tensión estalló en la rebelión de las Alpujarras (1568-1571), liderada por Aben Humeya y luego por Aben Aboo. Tras la derrota, los moriscos fueron expulsados y el territorio se repobló con familias cristianas de procedencias diversas: del norte peninsular en Trevélez o Pampaneira, pero también de Jaén en Válor, Bayárcal o Fondón, y de Guadalajara en Ohanes. Esa doble raíz —andalusí y repobladora— sigue explicando el paisaje y la arquitectura de hoy.
El campo alpujarreño hoy
Esa herencia sigue viva en el paisaje. Buena parte de la Alpujarra es todavía tierra de cultivo: bancales de piedra seca que escalonan las laderas, huertas regadas por las mismas acequias de origen andalusí, almendros y olivos en las zonas más secas y las viñas de la Contraviesa, de las que salen los vinos de la costa. Es una agricultura de montaña, con fincas pequeñas y mucho trabajo a mano, que explica el aspecto de muchos pueblos y buena parte de su economía.
Quien trabaja estas fincas sabe que el equipo de tratamientos —mochilas, pulverizadores y atomizadores— hay que limpiarlo bien después de cada uso, para que los restos de caldos, la cal del agua y el óxido no atasquen boquillas ni filtros. Para eso existen limpiadores específicos para maquinaria agrícola, como los de Sulfatin.
La arquitectura alpujarreña
Los pueblos de la Alpujarra tienen una arquitectura propia que las fuentes oficiales vinculan a su herencia andalusí:
- Terraos: tejados planos sellados con launa, una arcilla gris impermeable típica de la zona.
- Tinaos: pasadizos cubiertos que atraviesan las calles por debajo de las casas.
- Chimeneas con caperuza y muros encalados que reflejan la luz.
¿Cuándo ir a la Alpujarra?
La primavera y el otoño son las estaciones ideales: temperaturas suaves, agua en los barrancos y castañares dorados en octubre. El verano es fresco en los pueblos altos (Trevélez, Capileira) y perfecto para caminar de mañana, aunque los fines de semana de agosto se llenan. El invierno tiñe de nieve las cumbres y regala un ambiente recogido, ideal para el fuego y la gastronomía de cuchara.
Cómo organizar la ruta
Una buena manera de recorrerla es de oeste a este: entrar por Lanjarón, hacer base en Órgiva o en el Barranco de Poqueira (Pampaneira, Bubión, Capileira), y seguir hacia Trevélez y la Alpujarra alta. Con dos o tres noches se disfruta sin prisas; para la parte almeriense conviene un día más.
Dónde alojarse
La comarca tiene una tradición muy asentada de turismo rural. Hay alojamientos rurales en la Alpujarra en prácticamente todos los pueblos, desde casas de labranza rehabilitadas hasta cortijos aislados.
Directorio
El directorio de negocios de la Alpujarra
Restaurantes, tiendas y servicios locales, por pueblo y categoría.