Almegíjar

La antigua tienda de Araceli en Almegíjar, memoria de las abacerías moriscas

La tienda de Araceli, cerrada hacia los años 80, conserva en Almegíjar mostrador, balanza, tinajas y toneles de las abacerías que abastecieron la Alpujarra

Redacción de Alpujarra.org con información de El Comarcal de La Alpujarra

La antigua tienda de Araceli en Almegíjar, memoria de las abacerías moriscas
Foto: El Comarcal de La Alpujarra

En resumen

  • Almegíjar conserva la antigua tienda de Araceli, cerrada hacia los años 80
  • Era una abacería: tienda y bodega integradas en la vivienda
  • Quedan el mostrador, la balanza, las tinajas y los toneles
  • Araceli ha fallecido recientemente

Las tiendas moriscas o abacerías, que durante generaciones abastecieron a los pueblos de La Alpujarra, han ido desapareciendo con la modernización. Muchas se reformaron, se transformaron en viviendas o se convirtieron en almacenes. En Almegíjar, sin embargo, aún se conserva la huella material de una de ellas: la antigua tienda de Araceli.

La tienda cerró en torno a los años 80, cuando este modelo de comercio perdió su razón de ser ante las nuevas formas de distribución y la llegada de los productos envasados. Araceli siguió ligada a la memoria del establecimiento hasta su reciente fallecimiento.

Qué se conserva de la tienda de Araceli en Almegíjar

El local no tenía grandes escaparates ni letreros luminosos. Era un pequeño comercio integrado en la propia vivienda, donde el espacio doméstico y el comercial formaban casi una unidad. Una puerta al fondo comunicaba la tienda con la casa.

  • Un mostrador de madera de pino gastado por los codos de generaciones de clientes
  • Una balanza blanca de pesas
  • Bombonas de cristal donde se guardaban caramelos y galletas a granel
  • Suelo de baldosa hidráulica y techo de vigas
  • Estanterías metálicas a la derecha, añadidas cuando el género envasado empezó a sustituir al granel

Las vigas son de castaño o de álamo, este último utilizado como sustituto del castaño. Entre las vigas de álamo se colocaba una caña maestra, a la que se cosía con tomiza una trama del mismo material: una técnica sencilla, basada en los materiales disponibles y en saberes transmitidos de generación en generación.

Qué era una tienda del género libre

Así se llamaba a estas tiendas. A diferencia del estanco o la panadería, sometidos a una regulación específica, en las abacerías se encontraba buena parte de lo necesario para la vida diaria.

  • Aceite a granel y vinagre de la tinaja
  • Bacalao salado colgado de un gancho
  • Legumbres en sacos de yute
  • Especias, jabón de sosa e hilo de coser
  • Petróleo para los candiles

Eran mucho más que un lugar donde comprar: funcionaban como despensa, punto de encuentro y espacio de conversación donde circulaban noticias, encargos y pequeños favores. Muchas de estas tiendas estuvieron regentadas por mujeres.

La bodega, el corazón del comercio

Al fondo estaba la bodega. Dos grandes toneles de roble descansaban sobre un poyete de obra y guardaban el vino de la Contraviesa. Junto a ellos había tinajas encaladas para el aceite y el vinagre, y pequeñas orzas de barro para medir y almacenar.

Aquella estancia fresca y oscura cumplía una función esencial: antes de la refrigeración moderna, la propia arquitectura aportaba las condiciones para conservar determinados productos. El binomio tienda-bodega es, según el autor, uno de los elementos que hacen de este espacio un testimonio especialmente valioso de la economía tradicional alpujarreña.

Arquitectura sin arquitectos

Se las llama tiendas moriscas por la pervivencia de una estructura comercial vinculada a la tradición del antiguo Reino de Granada: tienda y vivienda integradas, espacio reducido, almacenamiento en el propio inmueble y trato directo entre vendedor y comprador.

Las vigas, la caña, la tomiza, los elementos encalados, las tinajas, las orzas y el mobiliario forman parte de una cultura material que difícilmente puede reconstruirse una vez desaparecida. Cada material respondía a una necesidad y cada solución constructiva a una experiencia acumulada durante generaciones.

No es una iglesia ni un castillo, ni tiene dimensiones monumentales. Su valor está en que permite acercarse a la vida cotidiana de quienes vivieron y trabajaron en Almegíjar: cómo se compraba, cómo se conservaban los alimentos y cómo un pequeño establecimiento podía ser uno de los centros de la vida del pueblo. Una Alpujarra en la que comprar era también conversar, fiar y llevarse el aceite servido directamente de la tinaja.

Artículo realizado por José Manuel Martín Megías, historiador-jurídico.