Albondón: la tienda Donde Siempre vende flores artificiales para Todos los Santos
Ana Belén y José Daniel venden desde hace nueve años en su tienda de Albondón flores artificiales para el cementerio, muy pedidas antes del 1 de noviembre
En resumen
- Supermercado Donde Siempre, en Albondón, con flores artificiales desde octubre
- Venden este producto desde hace nueve años y hacen ramos personalizados
- Acuden clientes de Albondón, Cádiar, Murtas, Albuñol y otros pueblos
- Las flores se colocan en nichos y tumbas antes del 1 de noviembre
En Albondón, Ana Belén Fernández López y su marido, José Daniel, propietarios del Supermercado Donde Siempre, ya tienen a la venta flores artificiales para llevar al cementerio, sobre todo con vistas al Día de Todos los Santos, el 1 de noviembre. Las flores artificiales ofrecen durabilidad y poco mantenimiento, y por eso muchas personas las eligen para lápidas y nichos, que deben aguantar el clima exterior sin marchitarse.
Ana Belén explica a IDEAL que «desde hace nueve años, en el mes de octubre, mi marido, José Daniel, y yo, comenzamos a vender flores artificiales que parecen reales en nuestra tienda de Albondón». Entre los encargos más habituales citan orquídeas, gladiolos, crisantemos, rosas, tulipanes, girasoles, hortensias, lirios y margaritas. También confeccionan ramos personalizados.
A la tienda acude gente de Albondón, Cádiar, Murtas, Albuñol y otros pueblos. Albondón está a 925 metros de altitud, en la provincia de Granada.
Cómo se prepara el cementerio de Albondón antes del 1 de noviembre
En los días previos a la festividad, las familias van al cementerio municipal a limpiar a fondo nichos y sepulturas y, si hace falta, a blanquear los frontales. Justo antes del 1 de noviembre, el cementerio se llena de flores, frescas y artificiales. El crisantemo, la flor tradicional de esta fecha, es una de las más usadas por su resistencia al clima otoñal.
De dónde viene la costumbre de poner flores a los difuntos
Según el original, la costumbre tiene más de 13.000 años: los arqueólogos han hallado su registro más antiguo en la cultura natufiense, en una cueva del actual Israel, donde los cuerpos se enterraban sobre lechos de plantas como la salvia y la menta. En los velatorios domésticos de antaño, que duraban varios días, los allegados cubrían los cuerpos con flores aromáticas e incienso para disimular el olor.
Culturas como la egipcia o la romana ya ponían guirnaldas y coronas en las tumbas. Los nichos se generalizaron en Europa entre los siglos XVIII y XIX por la falta de espacio en los terrenos de las iglesias y por las leyes sanitarias que prohibían enterrar dentro de los pueblos. Las familias mantuvieron entonces las flores, y los cementerios incorporaron jarrones laterales o repisas de metal para sujetar los ramos.
Hoy la necesidad higiénica ha desaparecido, pero la costumbre se mantiene como símbolo de la vida y del duelo. En países de tradición católica como España, alcanza su máxima expresión cada 1 de noviembre.