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Tesoros ocultos de La Alpujarra: leyendas de Busquístar, Pórtugos y Trevélez

Del Barranco del Tesoro de Busquístar al arcón de Aben Jauhar en Pórtugos: las leyendas de riquezas moriscas escondidas que aún se cuentan en la comarca.

Tesoros ocultos de La Alpujarra: leyendas de Busquístar, Pórtugos y Trevélez
Foto: Ideal

En resumen

  • La tradición oral alpujarreña conserva muchas historias de tesoros ocultos
  • Barranco del Tesoro (Busquístar) y 'tesoro del moro' de Pórtugos, las más conocidas
  • La leyenda atribuye el de Pórtugos a Aben Jauhar, tío y general de Aben Humeya
  • Los historiadores lo atribuyen en gran parte a la fantasía popular

La Alpujarra es tierra de relatos sobre riquezas escondidas, y su aislamiento ha mantenido vivas muchas de esas historias en la tradición oral. Según ese legado, ante el avance cristiano y las posteriores expulsiones, los moriscos habrían escondido ricos botines en cuevas, simas y pozos, con la esperanza de volver algún día. A menudo se dice que esos tesoros están custodiados por encantamientos, animales o acertijos que solo pueden resolverse en fechas concretas. Los historiadores atribuyen buena parte de esto a la fantasía popular, pero los relatos han inspirado a generaciones de buscadores.

El Barranco del Tesoro, en Busquístar

El Barranco del Tesoro está en el término de Busquístar, cerca de Trevélez. Según algunos historiadores, su nombre se debe al tono dorado que toman sus laderas y los castañares en otoño. Otras versiones cuentan que, hace muchísimos años, un pastor halló en una cueva un arcón de piedras preciosas, las convirtió en dinero, se marchó con su familia a Granada y repartió su rebaño entre varios agricultores de Busquístar.

Cerca del Hotel Alcazaba de Busquístar se cuenta que un hombre de fuera, con un plano muy antiguo, contrató a varias personas para excavar en el lugar indicado y, cuando el hoyo tenía cierta profundidad, siguió solo. Días después, unas personas vieron allí varias vasijas de barro rotas y vacías. Nunca más se supo de aquel hombre.

Otros tesoros que se cuentan en la comarca

  • Bérchules: según el relato, en una cueva aparecieron en el siglo XV joyas hispanomusulmanas de época nazarí, halladas por unos espeleólogos, que algunos sitúan hoy en el Museo Arqueológico y Etnológico de Granada.
  • Mecina Bombarón: se dice que, en tiempos pasados, apareció un enorme arcón con piedras preciosas enterrado en una cuadra, donde estuvo después la casa cuartel de la Guardia Civil, y que con ello sus dueños levantaron una gran casa señorial y compraron tierras.
  • Trevélez: algunos mayores creen que hay otro tesoro en una cavidad del paraje 'Culo Perro'.
  • Ugíjar: la voz popular asegura que en la zona de 'La Pared de los Moros' se esconden valiosos pellejos de oro.
  • Juviles: cerca de la Cueva de 'La Umbría' habría pepitas de oro procedentes de Alcolea.

También se habla de tesoros escondidos en Laroles, Mairena, Júbar, Nechite, Bubión, Lanjarón, Lújar, Narila, Tímar, El Golco, Torvizcón, Bargís, Turón, Cojáyar o Los Montoros.

El 'tesoro del moro' de Pórtugos

Una leyenda antigua asegura que en la sierra de Pórtugos hay enterrado el 'tesoro del moro', un arcón lleno de oro y joyas. Según el relato, lo escondió un moro rico y poderoso tras la Reconquista, y habría pertenecido al acaudalado Aben Jauhar, tío y general de Aben Humeya, que murió en su casa de Pórtugos, en el desaparecido barrio de Mahdin.

Se dice que Aben Jauhar, al no fiarse de su sobrino, escondió sus tesoros, junto con otros que le habían confiado, en parajes rurales próximos a Pórtugos, Busquístar y Trevélez. También se cuenta que en su casa de Atalbéitar, anejo de La Taha, junto a una gran roca que sigue en pie, ocultó las haciendas moriscas y que allí permanecen.

Un vecino de Pórtugos, José Ruiz, ya fallecido, buscó ese tesoro durante medio siglo sin encontrarlo. Estaba convencido de que antes o después daría con él y sostenía que fue su familia quien le confió la búsqueda. Su padre había ido con otros vecinos a la era de la Cañá del Fraile, muy cerca de Trevélez pero del municipio de Pórtugos, donde localizaron una gran grieta con escalones; al día siguiente, un gigantesco peñón se desprendió y la tapó.

Días después, la hermana de José visitó a una pitonisa de Granada capital que le describió con detalle lo que había en el paraje y confirmó que existía un arcón de hierro lleno de oro y piezas valiosísimas. José reconocía hace años que, por su edad y por falta de medios, lo tenía cada vez más difícil, y le habría gustado que alguien siguiera sus pasos con instrumental moderno.

La tradición cuenta que Aben Jauhar murió de dolor de hígado en su casa de Pórtugos y que en la de Atalbéitar minó dos docenas de metros para enterrar esas haciendas, porque presagiaba malos tiempos. Quizá, apunta el relato, el arcón pasó de generación en generación hasta que el secreto llegó a la familia Ruiz. Historias parecidas circulan en la provincia: en la ciudad de Granada, la leyenda de la Silla del Moro habla de un tesoro custodiado por un espíritu protector.